Ana lo miraba fijamente.
Después de un momento, su voz tenía un tono ligeramente ronco:
—Mario, no pasó nada entre nosotros.
—¡Sí pasó! —él insistía.
Mientras empujaba su silla de ruedas, se acercaba lentamente a ella, su tono era suave y tranquilo, como la calma después de la tormenta:
—Aunque no llegamos al final, aún existe la posibilidad de que estés embarazada.
Mario le pasaba un frasco de medicinas.
Con manos temblorosas, Ana lo aceptaba.
Ella bajaba la mirada hacia el frasco familiar, los