Mario no la rechazó.
Pero tampoco la aceptó, bajo la luz, su mirada oscura y enigmática observaba a la mujer en sus brazos, cuya ropa estaba toda mojada, revelando una figura seductora y atractiva.
Mario ciertamente sentía algo.
Pero no se permitía sentir, mientras Ana lo abrazaba tiernamente, él la sujetó por la muñeca y la presionó contra él, comenzando a jugar con ella descaradamente con una mano… yendo y viniendo, aplastándola entre sus dedos.
¡No era gentil!
El modo en que la trataba no ten