Por la noche, Ana llevó a Luis de vuelta al apartamento. Era el lugar donde ella había vivido antes, céntrico y bien equipado, aunque solo fuese una solución por el momento. Bajo el tenue resplandor de la noche, el coche se detuvo frente al edificio. Luis sacó un cigarrillo y lo colocó entre sus labios, pero no llegó a encenderlo…
Tomó con delicadeza la mano de Ana. A pesar de los seis años que habían pasado separados, y de que Ana ahora era madre, su vínculo seguía intacto; en el fondo, Luis se