Ana no se dirigió directamente a casa, sino que se quedó sentada tranquilamente, reflexionando sobre los eventos de la noche.
Ya tarde, cuando estaba a punto de irse, una figura familiar apareció frente al coche: Alberto.
A pesar de la hora, él seguía elegante, vestido con un traje de corte británico.
Desde el otro lado del cristal, él la observaba en silencio; probablemente, en ese momento, ya se habían caído todas las máscaras entre ellos, estableciéndose un entendimiento tácito con sus mirada