Bajo la luz de la lámpara de cristal, Mario mantuvo una expresión impasible. —Sólo asegúrate de que sigan vivos, lo demás no importa.
Al escuchar eso, Gloria sintió un latido fuerte en el pecho y asintió en respuesta.
Observó a Mario bajar las escaleras, y poco después escuchó el sonido del motor del coche desde el patio. Con los ojos llorosos, sabía que él estaba yendo a recoger a Ana.
Ana por fin iba a regresar...
***
En la víspera de Año Nuevo, la tierra estaba cubierta por una gruesa capa de