Mario acarició suavemente la mejilla de Ana y luego, sin poder resistirse, tocó el suave lóbulo de su oreja. Esa área era particularmente sensible para Ana, y cada vez que Mario quería mimarla, solía morder suavemente ahí, lo que solía hacer que Ana respondiera con mayor ternura y cuidado.
Llevaba mucho tiempo reprimiendo sus deseos, y al recordar los momentos íntimos que habían compartido, su voz se tornó ligeramente ronca al hablar: —Voy a traer el coche. Pide a las sirvientas que suban a busc