En el interior oscuro del coche, la respiración de ambos se aceleraba.
Ana, todavía sentada sobre Mario, lucía su piel pálida contrastando con los pantalones grises de él, realzando su delicadeza y fragilidad.
Las medias de seda que él había deslizado hacia abajo colgaban de las delgadas piernas de ella, añadiendo un toque de ambigüedad.
Después de un momento, Mario finalmente se recuperó de la sorpresa...
¡Iba a ser padre!
Había anhelado ese momento durante tanto tiempo, y ahora, quizás, An