Esa noche, Ana se quedó a dormir con María.
Después de ducharse, se puso un pijama de María y las dos charlaron mucho tiempo, hombro con hombro.
María, con voz suave y tierna, dijo: —Realmente ya no me importa Pablo. Que se case él, yo tendré a mi propio hijo. Ana, ya lo he pensado bien. En medio mes dejaré la ciudad B y me iré a una ciudad pequeña. Compraré una casa, abriré una floristería y viviré allí con mi hijo.
—Pero estaré lejos de ti y te extrañaré. ¿Vendrás a visitarme?
Ana sintió tris