Al llegar Mario al edificio HM, ya eran las seis y media de la tarde. La abuela estaba sentada en un banco frente a la tienda, disfrutando de un hot dog que María le había comprado. Al ver a Mario bajar del coche, le comentó lo delicioso que estaba y sugirió que debería abrir un negocio de hot dogs. Mario no pudo evitar sentirse algo exasperado.
Él cerró la puerta del coche y se acercó a la abuela, agachándose a su lado con voz suave: —Te escapaste del hospital, ¿sabes cuántos médicos y enfermer