Capítulo 18
Ana sintió que era demasiado íntimo.

Justo cuando iba a rechazarlo, David sacó un tupper desde el asiento del copiloto: —Son empanadillas hechas a mano por mi madre, tu relleno favorito, me pidió que te los trajera.

Ana se sintió un poco avergonzada: —¡Tía todavía lo recuerda!

David sonrió suavemente, se inclinó y abrió la puerta del copiloto: —Sube, justo voy por tu camino.

Ana ya no pudo rechazar.

Se subió al coche y se abrochó el cinturón de seguridad: —Entonces, te molesto.

David, con ambas
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Nancy RodríguezMe encanta la redacción, la realidad de la actulidad
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