Reflexionando sobre ello, Ana encontraba irónico que antes le gustara ser llamada señora por su chófer.
Decidida a revisar la situación de su amiga María, había quedado con ella en una cafetería.
María llegó primero y eligió un lugar junto a la ventana panorámica, desde donde vio a Ana llegar conduciendo su propio coche.
Cuando Ana se sentó, María bromeó: —¿Cómo es que conduces tú misma? ¿No se supone que todas las damas de alta sociedad tienen su propio chófer?
Ana sonrió levemente y respondi