En el silencio del coche, Mario contemplaba sus propios pensamientos.
Aunque no sabía cómo amar a alguien, eso no significaba que no pudiera manejar las emociones. Se decía a sí mismo que, si mostrar un poco de afecto podía recuperar el cariño de Ana, no le importaría esforzarse por ser un verdadero esposo amoroso.
…
Era una tarde de fin de semana. El auto negro llegó a la villa, y el conductor bajó para ayudar a Mario con su maleta, preguntando respetuosamente: —¿Necesita ayuda con el equipaje