Capítulo 105
En el silencio del coche, Mario contemplaba sus propios pensamientos.

Aunque no sabía cómo amar a alguien, eso no significaba que no pudiera manejar las emociones. Se decía a sí mismo que, si mostrar un poco de afecto podía recuperar el cariño de Ana, no le importaría esforzarse por ser un verdadero esposo amoroso.

Era una tarde de fin de semana. El auto negro llegó a la villa, y el conductor bajó para ayudar a Mario con su maleta, preguntando respetuosamente: —¿Necesita ayuda con el equipaje
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