Una gran sonrisa se dibuja en el rostro de Katrina, cuyas mejillas son mojadas por las lágrimas que brotan de sus ojos celestes, debido a la emoción y la felicidad que esa maravillosa noticia le causa.
—¿Es de verdad? ¿Voy a ser abuela? —confirma a manera de pregunta, puesto que se le hace irreal ver realizado aquel sueño.
—Sí, ya lo confirmamos. ¡Estamos embarazados, mamá! —exclama Gia con alegría.
De inmediato, los brazos de Katrina envuelven a su hija. Se siente dichosa y bendecida de que la