Gia
Gael y yo nos encontramos sentados frente al escritorio de papá, quien nos mira con desaprobación y como esperando alguna explicación.
—¿Y bien...? —inquiere con impaciencia.
—Yo... —Juego con mis dedos. ¿Qué le voy a decir? ¿Que traté de suicidarme porque mi loba estaba herida por el rechazo consecutivo de parte de Gael?
—¡Habla de una buena vez! —El alfa golpea la mesa con fuerza, acto que me hace tragar pesado—. ¿Qué estaban haciendo tú y tu hermano en ese árbol? ¡Desnudos!
¿Mi hermano?