Gia
Con un hambre del demonio, me dirijo a la cocina para desayunar. Allí me encuentro a mi mamá, a Tita y a la razón de mis tormentos.
—Buenos días, cariño —saluda mamá con una sonrisa fingida. Yo hago lo mismo, pero trato de que la mía no se vea tensa, asimismo, me acerco a ella para abrazarla—. Perdón por haberte presionado anoche, mi niña —susurra en mis oídos—. Tienes razón, debes olvidarte de Gael y seguir adelante.
—Lo haré, mamá. —Beso su mejilla. Esta vez, ella sonríe con sinceridad.
M