Noah acudió de inmediato al llamado de Leah. Sus pasos no hicieron ruido, pero su energía vibró como un trueno en el pecho de la vidente.
—¿Qué ocurre? —preguntó él, con la mirada fija en su compañera.
Leah, por su parte, miraba a la Reina que yacía aún atada al cuerpo del Rey.
Tragó saliva. Sus ojos azules resplandecían con una intensidad antinatural.
—Tienes que ir —dijo con firmeza.
Sin esperar más explicaciones, Leah lo tomó del brazo y lo arrastró tras ella hacia el borde del círculo prote