C13- LA ÚNICA FORMA DE SER AMADO
Bianca subió las escaleras de la mansión con un paso ligero y, por primera vez en ocho años, no sentía el peso del techo sobre sus hombros. Sin embargo, al llegar al rellano, la figura de Mateo se recortó contra la luz tenue del pasillo. Estaba apoyado en la barandilla, vestido con una bata de seda oscura y un vaso de whisky que balanceaba con una calma fingida.
—Llegas tarde —soltó él. Su voz era un latigazo de autoridad que solía hacer que Bianca se encogiera.