29. Un lejano conocido
Los dos vuelven a cruzar la calle, en medio de la siguiente multitud que se aproxima en la otra dirección y Maya se ha vuelto a colocar su cabello al frente. Pese a que son las diez de la mañana, el viento subleva los papeles del suelo y hacen que su cabello se mueva más que antes. Su jefe le hace pasar primero y entonces han llegado a la otra cuadra.
—Pero, nada ha salido de aquello, señor. Imagínese, si nos hubieran visto juntos ¿Nota porqué tampoco quiero decir que usted se marchó fue conmig