30. Inevitable cercanía
Sin embargo, Maya aún sostiene en la mente la conversación de antes y no deja de pensar en lo que ha dicho.
“Yo venía en el carro. Pero te vi…”
¿Se había bajado el señor Maximiliano para acompañarla? ¿No se había conseguido con él por casualidad? Maya tiene que parpadear pero, en un instante casi efímero, la conservación se anula cuando finalmente, el Livende está frente a los dos.
—¿Estás mejor, Maya?
—Oh, usted no se preocupe. Ya estaré mejor el resto del día —y asiente.
Han llegado a la rece