25. Su realidad
Maya frunce el ceño, pero una sonrisa también se deja ver en su rostro. Sus mejillas se abultan al instante. Y la expresión risueña de su jefe se deja ver cuanto antes. No le da tiempo de contestar para cuando él toma su mano, la atrae hacia él, y dirige el camino que no es el mismo de la recepción. La adrenalina recorre su cuerpo justo en el punto en que arriban al otro lado del lugar, hacia abajo. Ni siquiera conoce bien el sendero porque todo está en oscuras. Un par de segundo después salen