159. Un corazón roto
Los ojos de Diana se van directo a un punto que no es ni él, ni dentro del lugar, ni muchos menos cabecear en lo que apenas había escuchado.
Quiere mencionar ciertas palabras y lo vuelve a oír. En un punto que ya es tan frágil como el mismo viento ondearse fuera de eso.
Es como si la propia voz se hubiese marchado, y no es que mantenga una allegada lastima hacia sí misma, sino que quizás Maximiliano ha cometido el peor error de su vida.
Así que se voltea, directo a punzar su mirada llena