Capítulo 68; La mano de Dios.
—¡Es suficiente Ana, has ido demasiado lejos!— le dijo Aníbal mientras entraba a la casa y se encontraba con ella tranquilamente sentada disfrutando de una taza de té, la mujer elevó el rostro con expresión fría, lo miró atentamente, colocó la taza de té sobre su platito y lo dejó sobre la mesa.
—Supongo que te refieres a la interesante conversación que he tenido con tu amante.
—Me refiero a todo lo que has estado haciendo, deja a mis hijos en paz, deja a Melina y a Ámbar también en paz, ning