Capítulo 82;Dios perdone tus pecados.
Para Ana fue una noche larga, muy larga, quizás la más larga que había tenido en toda su vida, pasado el medio dia del siguiente día, un policia se acercó a su celda, golpeó los barrotes.
—Arriba señora, le trasladaremos al centro penitenciario para mujeres.
—¿Cómo se atreven?— preguntó indignada— piensan meterme en ese lugar lleno de mujeres pecadoras y promiscuas.
—Si tiene alguna queja puede colocarselas al juez. Ahora, de pie, saque las manos que le pondré las esposas.
Ana no podía creer