Capítulo 80; Salvación.
Ana cerró la puerta tras de si, con una enorme sonrisa iluminando su rostro sintiédose satisfecha de haber cumplido con su cometido, recordó las llamas que parecían cobrar vida co los minutos, las fauces del fuego abriéndose para consumirlo todo. Mientras Ámbar quedaba inconciente en el piso, la pequeña niña lloraba con angustia y Melina gritaba aterrorizada por ayuda.
En cuánto cerró la puerta, cerró los ojos.
—Gracias dios por permitirme llevar a cabo mi misión..
—Lo has hecho bien, Ana— es