Capítulo 27; Amores prohibidos.
Era ya muy tarde cuando Samuel regresó a la iglesia, llegó directo al altar donde se colocó de rodillas y avergonzado no podía elevar la mirada al Cristo crucificado que estaba allí, frente a él.
—¡Padre!—gimió con voz ahogada —¡He pecado, he pecado contra tí, Dios mío!... no puedo contra ésto señor, el amor que siento por ella es más grande que mis fuerzas humanas, no puedo mentirte señor, la pasión que siento por ella me consume. He pecado señor pero, no estoy seguro de sentir arrepentimient