Ante su mudez, Ámbar le rodeó el cuello para besarlo, se sentía ansiosa, necesitada de él, aquella clase de anatomía no había sido suficiente, ella necesitaba más, ansiaba más, necesitaba tenerlo por completo... Samuel, en cambio temblaba, debatiéndose entre la ansiedad y la indecisión, ante el deseo y la razón, caminando sobre la delgada línea que separaba la cordura y la ausencia de la misma.
Ámbar lo besaba desesperada, mientras sus ansiosas manos se movían por el cuerpo de él, llegando a su