Luna no estaba contenta.
—Sí —Marina afirmó con calma, sin dudar.
No tenía nada que ocultar.
Luna frunció el ceño y, al ver a Leticia visiblemente abatida, no pudo evitar preguntarle:
—Leticia, ¿esa mujer por la que Diego te hizo tanto daño era Marina?
Leticia, con una expresión amarga, confirmó en silencio y dejó las tijeras sobre la mesa.
—Luna, tengo que ir a recoger a Lidia y Augusto al jardín infantil. Me voy primero.
—No hay prisa alguna. Nosotras también estamos por irnos —respondió Lun