Cuando Nicolás terminó de hablar, Diego se levantó lentamente de la silla de ruedas. Daniel le pasó las muletas. Sabía que la cirugía había sido reciente, por lo que la recuperación de Diego no avanzaba con rapidez, y cada paso que daba tensaba más la herida.
—¿Qué te parece si las dejas ir y yo me ofrezco como rehén? —dijo Diego, con calma.
El rostro de Daniel se endureció cada vez más, pero de inmediato se contuvo.
—¡Jefe!
Diego levantó la mano, indicándole a Daniel que guardara silencio.
Nico