Después de colgar con Camilo, Yadira, con el bebé en brazos, se dirigió directo al club ecuestre.
Al verla con la niña, a Marina se le dibujó una sonrisa hermosa.
Parecía que Yadira se había puesto algo nerviosa.
—Camilo, ¿es tu hija? —preguntó Marina en un tono suave, observando al bebé—. Es adorable.
Intentó tocarla, pero Yadira al instante se apartó ligeramente.
—Está dormida. Marina, cuánto tiempo ha pasado —respondió Yadira con un ligero suspiro—. Qué pena lo de César.
Marina, extrañada por