Yulia percibió la mirada de duda de Eugenio, pero mantuvo su sonrisa sin dejarse desorientar.
Cuando la abuela de Eugenio se enteró de que ambos se conocían, soltó una risa alegre y, sin pensarlo dos veces, comentó:
—¡Vaya, qué encanto tiene esta sencilla joven! Y además está muy guapa. La próxima vez que nos veamos, ¡bailamos juntas!
Después de escuchar el cumplido, Yulia casi no pudo contener la sonrisa. Sus padres nunca se atrevían a halagarla de esa forma. La señora, que tenía una figura mu