Eugenio levantó una ceja y, después de pensarlo por un momento, tal vez adivinó que Florencia había terminado con él en secreto, sin decir ni una sola palabra a la familia Soto. No iba a hacerles el favor de darles explicaciones, no valía la pena.
La abuela soltó un repentino suspiro y dijo:
—No, no. Cuando termine de comer, voy a asegurarme de contarle a todo el mundo que rompieron el compromiso. Y, de paso, les devuelvo los regalos que mandaron los Soto.
Eugenio mostró una ligera sonrisa.
—De