El tiempo parecía haberse detenido.
Joaquín salió a paso largo de la sala de urgencias, se quitó la mascarilla y, con el rostro agotado, dijo:
—Diego ya está fuera de peligro por ahora, pero...
Joaquín observó con detenimiento a la mujer frente a él, tratando de mantener la calma, y continuó:
—Señora Marina, tiene que prepararse para lo que viene. Su estado es muy delicado, y lo más probable es que le queden solo dos o tres meses.
Las palabras retumbaban como hormigas en la cabeza de Marina. Par