—¿Marina? ¿Qué pasa? —Diego la miró preocupado, acariciándole la frente.
—No pasa nada —Marina reaccionó lentamente, tratando de calmar su voz. Mientras comía, no podía dejar de pensar si su hija ya había comido lo suficiente—. ¿Ese hombre dijo algo sobre dónde está Yulia?
Diego negó con la cabeza, serio.
Marina, desanimada, dejó el tenedor y miró la comida sobre la mesa. Un sentimiento de impotencia la invadió.
Diego vio que apenas había probado un par de bocados, pero no dijo nada, y en silenc