—Diego, yo me voy a la oficina.
Marina, con el bolso en la mano, se acercó a Diego, que esa mañana estaba en el jardín alimentando al patito que vivía allí.
—Ok —respondió Diego, girando la cabeza para dedicarle una sonrisa tranquila.
Al amanecer, y fingiendo normalidad, Marina se levantó temprano y se preparó para ir a trabajar. Salió de la casa, subió al auto y partió rumbo a la oficina.
Mientras tanto, Diego terminó de alimentar al patito, se levantó, se lavó las manos y fue a cambiarse. Rena