Él sabía exactamente lo que a Yolanda le gustaba. Sus movimientos no eran fingidos, todo fluía con total naturalidad. Yolanda no se daba cuenta de la pequeña estrategia de seducción que Victor estaba empleando.
Su rostro seguía sonriendo suavemente, pero sus ojos... esos ojos estaban llenos de oscuridad:
—Yolanda, a mí no me importa con quién te cases. ¿De verdad prefieres casarte con este mujeriego para intentar olvidarme? Eres cruel.
Se sentó en el sofá, mostrando una mirada profunda y penetra