Después de la videoconferencia, Ricardo salió del cuarto de Marina.
Al regresar a su habitación, no podía quitarse de la cabeza la mirada de su jefa, esos ojos que parecían haber llorado bastante.
Agarró su celular, buscó la juguetería más cercana al hotel y, sin pensarlo mucho, salió a comprar.
Regresó con una bolsa en la mano y tocó la puerta de Marina.
Al escuchar el llamado, Marina se movió en su silla de ruedas para abrir.
Ricardo, un poco nervioso, le extendió la bolsa y, mientras se tocab