A la mañana siguiente, la luz del sol se colaba suavemente entre las cortinas, iluminando la habitación.
Marina en ese momento despertó, dio vuelta en la cama y vio a Diego, que ya estaba despierto y había resuelto algunos asuntos.
—Buenos días, Marina —dijo Diego en voz baja, mirándola con ternura.
—Buenos días —respondió Marina, sonriendo.
Era un día especial, así que ambos se levantaron rápido con una linda sonrisa.
Mientras Marina entraba al baño a cepillarse los dientes, Diego aprovechó el