Yolanda le dio una cucharada de helado a Yulia, y la niña, con una sonrisa algo traviesa, le devolvió el gesto.
Las dos habían comprado sabores diferentes de helado y se estaban entretenidas compartiendo, probando lo que la otra había elegido.
Yulia entrecerró los ojos, disfrutando con agrado de cada bocado, y con una sonrisa de satisfacción, dijo:
—¡Tu helado de fresa está buenísimo! La próxima vez voy a pedir de fresa también.
Yolanda sonrió, feliz de que le gustara, y le volvió a dar una pequ