Diego era alto, su estatura debía rondar los uno ochenta.
Marina, por su parte, medía tan solo uno con setenta.
Ella alzó las manos, poniéndose de puntillas, y sus delicados brazos se colgaron con suavidad alrededor del cuello de Diego.
Diego levantó una ceja, tal vez porque ver a Marina estirándose de esa manera le pareció un poco lastimoso.
Se inclinó un poco, acercándose a ella para facilitarle el gesto. Sus miradas se encontraron, y los profundos ojos de Diego se clavaron justo en los