Diego no apartaba la mirada de las cámaras de seguridad, observando atento cada movimiento de Marina mientras esta leía el correo electrónico.
¿Notaría en ese momento algo extraño?
Si el contenido del mensaje la hacía sospechar, no tendría reparos en tomar medidas drásticas. Si era necesario, incluso se desharía del bebé que llevaba en su vientre.
En el hospital, Marina seguía inmersa por completo en el correo que le había enviado Renato. Terminó de leerlo, levantó instintiva la cabeza y recorri