Dado que no se encontraba en condiciones de conducir, optó por tomar un taxi. Al otro lado de la calle había varios taxis estacionados, y justo cuando Marina se disponía a cruzar, alguien la sujetó del brazo.
—Marina, el semáforo está en rojo —le advirtió Camilo con un gesto de desaprobación.
Sus ojos enrojecidos y marcados por el agotamiento delataban su mal estado.
—Muchas gracias —murmuró ella, alzando la vista con esfuerzo mientras intentaba sobrellevar el malestar.
Había perdido la concentr