Ese mismo año, Diego también tenía quince años.
—Es mi hermana, María —dijo con aire despreocupado, colocando las manos detrás de la cabeza.
—¿Así que esta es la famosa genio de tu familia? Hola, soy Nicolás —comentó él, observando a María con genuina curiosidad.
La familia Herrera siempre había sido extremadamente protectora con María, manteniéndola alejada de eventos sociales y fuera del ojo público. Nicolás, sin embargo, había oído rumores sobre su delicada salud, ya que solía enfermarse con