Al mediodía del día siguiente, Marina se dirigió al Residencial El Paraíso para reunirse con Yolanda. Llevaba dos cajas de almuerzo y café, anticipando que Yolanda, como de costumbre, se habría levantado tarde.
Con su propia llave, abrió la puerta y entró. Al verla, Yolanda se apresuró a recibirla con una sonrisa, tomando las cajas del almuerzo.
—Hoy hace un calor insoportable, ¡estamos a más de treinta grados!
—Sí, está terrible. Voy a darme una ducha rápida. Tú empieza a comer mientras.
Aún si