Diego de repente sintió que estaba enseñándole a una joven ejemplar a comportarse como una verdadera villana.
—Olvídalo. Aún no te he llevado al altar, y no quiero que termines en la cárcel por tu ingenuidad —se rio entre dientes y agregó.
—Déjame encargarme del asunto de Yadira, ¿te parece? No es necesario que lo resuelvas todo sola.
Marina bajó instintiva la mirada; en realidad, su idea inicial era que Yadira experimentara, poco a poco, la amarga sensación de perderlo todo.
—Eres increíble. Me