Ella pensaba que la herida sanaría sola en unos días, sin necesidad de aplicar ningún tipo de medicamento. Marina se recostó contra la puerta del auto, mientras Diego la miraba fijamente.
—¿Te acercas tú o me acerco yo?
—Prefiero ninguna de las dos.
Diego soltó un suspiro exasperado y, sin esperar más, se movió de inmediato hasta su lado, abrió la pomada y, con una determinación inquebrantable, tomó la mano de Marina para aplicarle el medicamento.
Su piel era muy clara, y la marca roja e inflam