Yolanda acariciaba su pancita mientras se acomodaba en el sofá, conversando entretenida con Marina sobre asuntos triviales. Al escuchar la pregunta de Luis, aceptó con una sonrisa.
—Claro, gracias.
Su rostro, atractivo y ligeramente regordete, brillaba con la despreocupación de una mujer feliz.
Luis apenas conocía a Yolanda, la tercera esposa del padre de Diego, y un inexplicable sentimiento de compasión emergió de repente en su interior.
A veces, los hombres desarrollan un afecto especial por