Marina no se dio cuenta de cuándo Diego colgó la llamada.
Seguía recostada en su pecho, su cuerpo temblando ligeramente, aún sensible después del clímax.
—Dime, ¿qué te puso tan animada hoy? —preguntó Diego, apoyando su mentón en su hombro y rodeándola por la cintura.
—Es que te veías de veras increíblemente atractivo hablando por el celular —respondió Marina entre jadeos, con los ojos entrecerrados, sin decir la verdad—. Quiero darme un baño.
Diego le sujetó el mentón, girando su rostro hacia é