Cuando entraron a la casa Laura se fue directamente a la habitación. No quería pensar, porque si lo hacía quizá se arrepintiera de la decisión que había tomado, y esta vez no debía hacerlo. Así que lo mejor era mantenerse alejada de él, se dijo, evitar a toda costa que se le acercara, que la tocara, que le dijera la única palabra que quería oír, la única que podía hacer que cambiara de opinión: quédate.
Abrió la maleta sobre la cama y empezó a guardar sus cosas sin orden ni concierto: la ropa a