Condujo como flotando en una nube. Las lágrimas empañaban su visión y estaba tan conmocionada que no prestaba atención al tráfico: oía pitidos y algunas imprecaciones de otros conductores sin saber que iban dirigidos a ella. Pisaba el acelerador, deseando llegar a su casa, deseando alejarse lo más posible de Sergio y de sus mentiras. Había aguantado demasiado, en sus circunstancias nadie habría soportado tanto como ella.
Y entró en la fase de la autocompasión. Lo sabía, pero no podía ni quería