Sergio soltó la pesada maleta en el pasillo nada más entrar en la casa:
—Vaya con la liberación de la mujer, la igualdad y todo eso… Mucho rollo es lo que hay, porque cuando llega la hora de la verdad la maleta la cargo yo.
—Cállate, cavernícola —le dio un beso. No podía quitarse la sonrisa de la cara. El disco de Los Chunguitos se lo había metido en el bolsillo.
—¿Cavernícola? ¡Todo lo contrario! Anda, libérate un poco y lleva la maleta hasta la habitación.
Dicho esto, Sergio cogió la maleta y